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lunes, 16 de enero de 2017

El principio de la historia...

     Y ahora, para situarnos, comencemos por el principio: 
     Soy una abuela de 54 años (aunque dentro de poco tendré 55) y tengo dos hijas maravillosas a las que adoro, aunque nunca se lo diga.
     Con tan solo 20 años la vida me hizo el regalo más maravilloso que se le puede hacer a una mujer, un hijo, aunque en mi caso fue una hija, chiquitina y preciosa como jamás me imaginé que pudiera ser!! La disfrute y la amé desde el primer momento de su vida aunque ahora pienso que no lo suficiente dada mi juventud.
     A los cinco años y dos meses la vida me volvió a premiar con otra hija preciosa, también muy pequeñita, y me sentí igual de feliz que cuando nació su hermana aunque al tener yo cinco años más empecé a disfrutarlas y valorar el ser madre de otra manera.
     Fueron buenas, buenísimas a lo largo de su vida, cada una con su carácter, su personalidad, sus momentos de rebeldía en su adolescencia como cualquier otro niño, pero a la vez tan distintas la una de la otra.
     Ahora miro hacia atrás y me enorgullezco de ellas, y compruebo, aunque cuando era yo más joven a veces me cuestionaba, que mis hijas son lo que mi cuñado, que ya no está entre nosotros por desgracia, quería para sus hijos. El solo quería que cuando fueran mayores fueran "buena gente", y así son mis hijas. Ahora sé que lo hice bien como madre aunque no todo el mérito es mío, yo puse mi pequeño grano de arena y ellas hicieron el resto
     

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